Esquizofrenia


Esquizofrenia: La mente escindida

Los constantes avances en el tratamiento del cáncer y del SIDA hacen que, a veces, reparemos menos en otras investigaciones no menos interesantes. En estos momentos estamos a punto de ver la aparición de una serie de terapéuticas orientadas a mejorar las condiciones de vida de quienes sufren demencia: demencias seniles, tipo Alzheimer, y lo que durante un tiempo se llamó “demencia precoz” por su aparición frecuente en la edad juvenil. Nos referimos a la esquizofrenia.

La palabra esquizofrenia viene de unas palabras griegas que significan “mente escindida”. Es muy probable que, bajo el nombre genérico de esquizofrenia, estemos agrupando enfermedades mentales distintas. Pero en todas ellas la “mente escindida” es una característica común.

Las esquizofrenias tienen dos tipos de manifestaciones distintas:

  1. Los síntomas que llamamos “positivos“, no en un sentido favorable sino en el sentido literal de “sumarse”. En otras palabras: los síntomas “que se suman” o “positivos” son elementos que el enfermo antes no tenía, y ahora sí: alucinaciones, delirios y comportamientos extraños son los más evidentes. Las alucinaciones y los delirios suelen llamarse también “síntomas psicóticos”, pues la palabra “psicosis” ha venido a resultar un sinónimo de esquizofrenia.
  2. Los síntomas que llamamos “negativos”, queriendo indicar que “se restan” del estado del paciente. Tras una fase marcada por la presencia de “síntomas positivos” (alucinaciones, delirios, etc.) se suele entrar en la fase de “síntomas negativos” en la que lo más evidente es la pérdida de capacidades en cuanto a trabajo, relación social, afectividad y capacidad intelectual. En mayor o menor grado, según la gravedad de la enfermedad, los pacientes quedan con sus facultades mermadas y en situación de incapacidad.

Solamente la conjunción de síntomas positivos y negativos, en una duración superior a los seis meses, permite orientar el diagnóstico de esquizofrenia.

La evolución del proceso parece ser independiente de los esfuerzos de los familiares, de los médicos, psicólogos, asistentes sociales y personal de enfermería psiquiátrica. Unos casos evolucionan hacia una compensación más o menos compatible con una vida normal, otros hacia una especie de vida “semivegetal”, y otros, en fin, hacia una dinámica creciente de conflictos, agresiones, autoagresiones y desastres.

Bien es verdad que los casos mal tratados evolucionan claramente peor. Pero nada nos garantiza que un paciente sometido a los más rigurosos tratamientos, médicos, psicológicos y sociales, evolucione de forma óptima. Lo más complicado, hasta ahora, es el tratamiento de los “síntomas negativos”. Todavía no sabemos todo lo necesario acerca de la bioquímica cerebral en la esquizofrenia, pero disponemos de muchos medicamentos, llamados “antipsicóticos” o “neurolépticos” que permiten suavizar, o incluso eliminar, las alucinaciones y los delirios. Pero son pocos los que tienen algún efecto sobre la inhibición, los bloqueos, la incapacidad para sentir afecto, para razonar o para hacer una vida laboral normal.

El más clásico de los fármacos con efecto sobre síntomas negativos es la clozapina (Leponex®), descubierto en 1954. Como efecto secundario se han descrito casos de disminución grave de glóbulos blancos, con efecto nefasto sobre las defensas del organismo. Ello hace que sea un fármaco sometido a condiciones especiales de uso, controles mediante análisis de sangre, etc. A finales de la década de los 80 apareció la risperidona (Risperdal®).

En 1996 apareció la olanzapina (Zyprexa®) con excelentes efectos sobre síntomas positivos y negativos, semejantes a los de la clozapina, pero sin los riesgos de ésta.

Los medicamentos no son la panacea para la esquizofrenia, pero permiten contener una gran cantidad de síntomas. Las acciones de tipo psicológico y psicosocial, hospitales de día, grupos de laborterapia, etc. son el complemento imprescindible para permitir que la mayor parte de los pacientes lleven una vida lo más autónoma posible y lo mejor adaptada posible al entorno en el que se desenvuelven.


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